La ciencia ficción y la propiedad: desde Philip K. Dick hasta Albert Monteys.

 

Hace un par de años llegó a mis manos La guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams. Este libro marcó un antes y un después en mi vida. Me alejó de la ciencia ficción espacial para enseñarme que había otra forma de escribir el género mucho más interesante. Después de acabar la trilogía (en cinco partes), me lancé a devorar mas de aquella ciencia ficción “terrenal”.

No pretendo engañaros, no he encontrado otro autor todavía que me haga reírme como me hace reír Adams en la guía del autoestopista galáctico (ni si quiera él mismo en Dirk Gently: Agencia de detectives holísticos), pero tampoco he salido con las manos vacías. Muchos autores, como es el caso de Isaac Asimov, utilizan las posibilidades que da la ciencia ficción para mostrarnos problemas de la sociedad actual. Nos permite ver, sin dejar atisbo de dudas, un comportamiento humano que nos repele pero que cometemos a diario. Este tipo de textos nos debe hacer reflexionar sobre nuestro comportamiento con lo que nos rodea.

Hace poco leí ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. Esta famosísima obra fue adaptada a la gran pantalla con el nombre Blade Runner creando una cinta importantísima en la historia del cine, que, sin embargo, deja lo mas interesante del libro fuera. El titulo del libro nos hace referencia a las ovejas eléctricas y es que estas existen en la tierra en la que sucede la historia. Después de una guerra muy dura, la radiación va, paulatinamente, acabando con la vida animal empezando por los búhos. Esto hace que los animales sean un producto de lujo que las personas aspiran a poseer y esto a su vez hace que dependiendo el animal del que alguien sea dueño sepamos a que clase social pertenece. La necesidad de los humanos de aparentar abrió el negocio de los animales eléctricos, copias idénticas de animales que se pueden vender por un precio mucho menor que el de los animales vivos con garantía, además, de que no morirán.

Nuestro protagonista es el orgulloso dueño de una oveja eléctrica, excepto por el hecho de que de orgulloso no tiene nada. En el fondo sabe que es mentira, que no es dueño mas que de un puñado de tuercas y cables colocados en una posición concreta. La necesidad de conseguir dinero para cambiar su animal eléctrico por uno real es lo que hace avanzar la historia, pero no me interesa comentar eso ahora.

Rick, el protagonista, trabaja retirando a androides ilegales en la tierra. Esto es, se le informa de que un androide ha llegado a la tierra, lo encuentra, se asegura de que es un androide y lo elimina. El problema nace cuando los androides son cada vez mas avanzados y dejan obsoletos los métodos por los cuales se diferencian androides y humanos, unos test que miden las reacciones de los sujetos en ciertas circunstancias delicadas para los humanos. Rick debe comprobar que la nueva clase de robots sigue siendo suficientemente inhumana como para no aprobar la y, para ello, va a la empresa que los fabrica para realizar una prueba.

Sin entrar en muchos detalles, la empresa le tiende una trampa que el detecta, lo que deja a la empresa en una situación desfavorable. La empresa entonces le ofrece, en forma de chantaje, a Rick un precioso búho vivo. Al final, el búho es eléctrico también, pero ese dato no me interesa para llegar a donde quiero llegar. El búho se encuentra entre una gran variedad de animales que posee la empresa.

En La guerra de las salamandras de Karel Čapek, el autor nos cuenta como el capitán Van Toch encuentra una raza de salamandras bastante humanoides que son adiestradas para trabajar recogiendo perlas o en fondos marinos. Pasado un tiempo en la historia, nace el sindicato de las salamandras, una asociación de empresarios que buscan un nuevo método de extraer valor a las salamandras después de que el valor de las perlas haya caído por los suelos debido a la abundancia de estas.

Una de las ideas que surgen de una reunión del sindicato es la de mantener un monopolio de las salamandras (¡el monopolio de una especie!) y alquilarlas a distintas empresas. Esta idea es desechada debido a la forma masiva en la que se reproducen los sujetos, lo cual haría imposible mantener el monopolio. La decisión que se toma es, al final, vender las salamandras adiestradas para distintos trabajos y mantener el monopolio de los productos para salamandras, lo que hace que, al cabo del día, quien tenga salamandras dependa del sindicato de salamandras.

Entremos ahora con Albert Monteys y ¡UNIVERSO! Este es un webcómic que el exdirector del Jueves publicó en Panel Syndicate en el que se nos presentan una serie de historias cortas de ciencia ficción. Nos centraremos en la primera historia, en la que el señor Worthman, dueño de una empresa que tiene el monopolio de la madera, quiere llevar más haya su monopolio obteniendo el monopolio del universo. Para esto crea una maquina del tiempo y manda a el protagonista de la historia a el principio del universo, justo antes del Big Bang para poner la firma de Empresas Worthman en cada partícula.

Todos esto que he contado obedece a el mismo patrón, una persona (o corporación) acumula una cantidad enorme de algo que no les pertenece (animales, partículas, madera…). No pretendo terminar esto con un mensaje del estilo “debemos estar en contra de los monopolios”. El señor Worthman no tubo siempre el monopolio de la madera, tampoco tiene el monopolio de los animales la empresa que fabrica androides en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Quiero acabar esto con un mensaje que diga alto y claro que hay que terminar con la propiedad privada misma.

Todas las empresas empiezan poco a poco, pero su objetivo indiscutible es acumular la mayor cantidad de capital posible. Para eso pasarían por el monopolio de cualquier cosa imaginable si fuese el camino mas fácil. Es la base de la sociedad, la propiedad, la que debe ser abolida. No vale con regularla en busca de una “sociedad más justa” cuando sociedad per se es injusta.

No todas las historias mencionadas plantean como un problema la existencia de esta propiedad, en alguna ni siquiera pasa de una mención de un par de líneas en las que se describe el escenario, pero estas son las reflexiones que me han provocado en conjunto.

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